Esta sensación incontrolable de no dejarte ir, esta desesperación inconsolable de jamás volver a verte.
Nada es suficiente hasta que me encuentro junto a ti, llenas espacios contiguos de mi ser que nadie jamás antes ha podido.
Todo contigo es simplemente una especie de secuela, una enfermiza esquizofrenia que me lleva a los espacios más complejos de todo mi universo, en donde me obligas a expresar mis sentimientos con una explosiva locura sin límite alguno.
Días de lluvia, aquellos en que nuestra alma se parte de dolor por ver al mismo cielo llorar justo por encima de todos nosotros, en donde en cada una de esas lágrimas, logre ver el recuerdo de la primera vez que te vi derramar una lágrima, justo después de haber escuchado cuando tu voz se hacía trizas, provocando el eco de tus llantos en aquella fría sala, uno de los ataques más grandes que he tenido que soportar.
Un verdadero Ataque al Corazón.
Desde que me conociste, ya nunca estarás sola, jamás tendrás que llevar algo que tu voluntad no pueda. Todo nuestro mundo se reestructurará, y florecerá la misma luna de las piedras a nuestros pies, y éstas, en conjunto absoluto, formarán nuestro nuevo paraíso,
en el cual resucitaremos como verdaderos ángeles volando por sobre todo lo que hemos creado.
Gritaré tu nombre a los cielos, bautizándote como la nueva Diosa de este nuevo universo.
Para ti.
Gritaré con total libertad junto con el soplo de la brisa, impregnando toda tu esencia en él, provocando así la nueva revolución de emociones acentuadas con tu belleza por cada rincón del Cosmos.
Unamos este mundo y el otro a través de nuestros cuerpos
para exaltar ese éxtasis, esa droga que se esparce en el ambiente
cada vez que estamos juntos.
Distorsionemos la dimensión misma para recrear una nueva realidad, solamente para nosotros.
¿Aceptas?